viernes, julio 23, 2004

Hijos corridos de casa y padres en el asilo: ¿La típica familia gringa?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO
Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - Recuerdo que cuando era niño (sí, ya sé: "¡Uuuuuuuuuuh!") me gustaba ver una serie vieja de televisión, llamada Los Walton.
(¡Ah! ¿¿verdad que usted TAMBIÉN se acuerda??)
Bueno, pues en esa serie se retrataba la vida de una típica familia gringa de la montaña, allá por la década de los treintas: Eran mamá, papá, como siete hijos (se nota que no tenían tele), el abuelo y la abuela.
Todos vivían en una misma casa de madera, enorme, en las montañas. Eran felices aunque tenían sus conflictos familiares. Los cuales, al final, eran resueltos por el amor y la unión familiar. En buena medida, las opiniones sabias de los abuelos eran decisivas para reestablecer la armonía en la casa Walton.
Muchos dicen que la serie era cursi, aburrida y tonta. Pero a mí me encantaba, no sé porqué. Quizá porque, como mexicano, me sentía identificado con la imagen que se daba de la familia: Con los abuelitos, los nietos y los papás viviendo juntos, apoyándose, respetándose.
Para mí, esa seguramente era la típica familia gringa. Así es como vivían en Estados Unidos, ¿no? All together, como dicen los Beatles.
Pues no. Los Walton eran una familia típica gringa... pero de los treintas. Y de la televisión. Cuando emigré a Estados Unidos me di cuenta de que estaban muy, pero muy alejados de la realidad.Casi no hay familias numerosas aca. Es más común ver una pareja con dos o tres hijos y ya.
La mamá no se queda en casa, a hacer la comida, ni limpiarles los mocos de las narices a los chiquillos: Sale a trabajar, igual que el papá. Deja a los niños en la escuela, o la guardería.
Pero el peor shock que sufrí fue al ver que no habían abuelos por ninguna parte. ¿Dónde estaban esos venerables miembros de la familia?
Pronto lo descubrí: En los asilos. Lejos de sus hijos y sus nietos.
Eso si bien les iba. Cuando no tenían dinero para un asilo, les esperaba un peor destino: Quedarse solos en sus casas, sin nadie que los visitara, los atendiera o siquiera les hiciera una llamada telefónica.
¿Estarán todos mal, pensé? ¿Porqué no son como los Walton?
Pronto me di cuenta de que los Walton eran los que estaban mal, pues la familia norteamericana real (de carne y hueso, del siglo 20 y 21) nada tiene qué ver con lo que yo aprendí frente a la tele, allá por los setentas.
¿Se ha fijado usted, por ejemplo, lo desarraigados que son los hijos gringos con sus padres? ¿Y los mismos padres con los hijos?
No, no me refiero a que sean malos padres, o malos hijos. Como cualquier ser humano, el gringo promedio daría la vida por la familia. Pero hasta cierto punto.
En todo el tiempo que llevo viviendo en este país, conviviendo con gringos, nunca he podido entender su mentalidad a la hora de tratar a sus padres.
Es decir, cuando llegan a cierta edad, los jovencitos lo primero que piensan es en salirse de la casa, independizarse. Rentar un departamento, aunque sufran las de Caín para pagarlo, trabajar y estudiar.
Y mientras, sus papás tienen sus casas enormes, y vacías. Y esto es muy común, porque hasta les inventaron un nombre para estas parejas sin hijos: "empty nesters" (O sea, los que se quedaron en el "nido vacío").
Lo curioso es que estas parejas son felices... ¡Porque sus hijos ya se fueron!
Claro, extrañan a sus niños. Y añoran los días festivos en que llegan de visita. Pero nunca considerarían la idea de que volvieran a vivir con ellos.
Es más, cualquier joven soltero que se le ocurra llegar a cierta edad (digamos 20, 25 años) y viva aún con sus papás es tratado casi como un apestado. Como un retrasado, hijo de mami y papi.
Sus amigos sobre todo los ven como tipos raros. O peor: Los acusan de estar "sangrando" la economía de sus pobres padres al seguir viviendo bajo el mismo techo.
Vaya, si hasta los propios padres comienzan a ver feo al hijo si éste se empeña en seguir viviendo con ellos. Y no a pocos les advierten que, de no salirse, les van a comenzar a cobrar renta.
Esto no es siempre. Estos casos se dan solamente entre padres que tienen casa propia, o gozan de una pensión o inversiones. O sea, gente que puede mantenerse aún en la vejez.
No a todos les va tan bien.
Hay otros casos, peores pero muy comunes, de ancianos que llegan a viejos, y en lugar de correr a sus hijos de la casa, son ellos los que terminan con sus huesos en un asilo. Lejos, donde no fastidien al resto de la familia.
Los asilos no siempre son baratos. Hay asilos muy caros. Pero aún así, la familia prefiere pagar para alejar a sus ancianos, antes de siquiera pensar en la posibilidad de vivir con ellos.
No sé, nunca he entendido esa actitud anglosajona. ¿Será que soy muy mexicano, muy latino?
Y al revés, a los gringos les parece extraterrestre la costumbre de nuestra gente de meter a toda la familia bajo un mismo techo. ¿Qué tiene qué hacer el abuelo, la abuela viviendo con los hijos y los nietos, se preguntan? Lo ven como una anormalidad, algo horroroso.
Para ellos, la cosa es como sigue: Los ancianos son como niños. Molestos. Pero a los niños se les perdona, porque son bonitos, graciosos. Dan ternura.
El problema es que los ancianos no son niños, por lo tanto se les hacen doblemente molestos. Requieren cuidados especiales, que nadie puede o quiere dedicarles. Y de pilón, se meten en todo, opinan de todo, quieren seguir mandando a los hijos como si fueran niños.
En una palabra, fastidian. ¿Quién va a querer en su sano juicio vivir con ellos?
(Aclaro: Esta es la manera como ELLOS piensan. Que sea cierto o no, que estemos de acuerdo o no, es otra cosa.)
Por eso los hijos mandan a sus ancianos padres a los asilos. Y eso si bien les va.
Si no, lo peor que les puede pasar a estos viejos es quedarse en sus casas... solos. Totalmente abandonados, después de que sus hijos se hicieron adultos o se mudaron de ciudad.
Si estos ancianos son pareja, la situación es más llevadera, porque se acompañan. Pero la inmensa mayoría son viudos. Es entonces cuando casi se quedan a la buena de Dios.
La situación es tan generalizada, y tan grave, que incluso existen organizaciones caricativas que atienden a ancianos solos. Abuelitas o abuelitos que apenas pueden caminar, enfermos o ciegos, y a quienes sus hijos los han dejado a su suerte.
Estos voluntarios tienen una única tarea: Visitar a estos ancianos. Simplemente eso, visitarlos. Nada más. Una vez al día o a la semana, les llevan algún alimento, y se pasan una hora platicando con los viejos. De cosas sencillas, de lo que salga.
Algo que nos parece tan simple, platicar con alguien, para estos ancianos es una bendición. Por eso reciben a los voluntarios con los brazos abiertos, y hasta se pasan contando las horas hasta la próxima visita.
Y con razón: Para muchos de estos ancianos, éstas son las únicas personas con las que han cruzado palabra en años.
¿Y sus familiares? ¿Sus hijos, nietos?, se preguntará. "Tiene años que no me llaman siquiera", respondió una anciana inválida del sur de Dallas. "No sé ni en qué ciudad viven, o si ya murieron".
Para nosotros los hispanos, estas son verdaderas historias de horror. Es inconcebible que alguien se atreva a abandonar "como perros" a sus padres, sus abuelos.
(Y no como "perros", porque me he dado cuenta que los gringos podrán abandonar a un anciano... pero nunca a un perro. Eso, para ellos, es un crimen horroroso, que se castiga con cárcel. Muchas personas tratan mejor a sus mascotas que a sus padres. En serio.)
En cambio, nosotros los latinos llenamos nuestras casas con parentela a mas no poder. No solo abuelos, abuelas, tíos, hijos, nietos, sino hasta amigos y compadres.
Cierto, a veces lo hacemos por puro sentido económico: Necesitamos más gente para repartirnos la renta, por ejemplo. Pero casi siempre lo hacemos porque... Pues porque es lo correcto, es lo que debemos hacer. No podemos vivir lejos de la familia, así de simple.
¿Abandonar a nuestros abuelitos a su suerte? Jamás. ¿Mandarlos a un asilo? Nunca, qué te pasa.
Está en nuestra cultura. Algunos dicen que quizá hasta en nuestros genes.
Y claro, mucho menos pensamos en la idea de correr a nuestros hijos de la casa, ni aunque tengan veinte, treinta años. A veces hasta los aceptamos con la esposa, el esposo y los hijos, con tal de que estén cerca.
Y si necesitan una casa propia, nos las arreglamos para que se muden cerca. Si se puede hasta en la casa de al lado.
Incluso les servimos de aval para comprar una casa, o nos juntamos para irnos a vivir todos a una vivienda más grande, donde toda la familia viva junta.
"¿En serio hacen eso los 'mexicans'?", preguntó Wally, un gringo al escuchar incrédulo las costumbres familiares de los hispanos. Para él estas actitudes son inconcebibles. En la mentalidad americana, cada quien debe tener su propio espacio, y nadie más se debe meter.
Son mentalidades tan distintas, que igual podrían ser de planetas diferentes.
¿Quién tiene la razón? Vaya usted a saber.
A la mejor los latinos estamos mal, al querer tener a toda la familia con nosotros. Y quizá los gringos tengan razón: El único camino sano, es que cada quien viva en su casa.
Vaya, a la mejor será por eso por lo que ellos han progresado tanto materialmente, y nosotros sigamos hundidos en lo económico: Nunca alcanzamos a ver la realidad de que todo cuesta.
Pero dudo mucho que esto nos haga cambiar de opinión. Es lo que nos hace ser lo que somos. La familia es y siempre será primero.
Y no importa qué tantos problemas económicos suframos, siempre preferiremos tener a los abuelos, las abuelas, los tíos, los hermanos, los hijos, los sobrinos y los compadres cerca de nosotros.
A fin de cuentas, nosotros también tenemos un dicho: "Donde comen dos, comen tres."
E-mail: cfzap@yahoo.com
www.cesarfernando.blogspot.com

1 comentario:

  1. Se que llego una decada tarde pero todo es cuestion de que nuestra religion nos inculca ese tipo de vida y tambien parte de costumbre.

    Y eso no tiene que ver con que mexico sea pobre son cuestiones mas geopoliticas las que nos tiene hundidos es como un coctel

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