viernes, junio 25, 2004

El próximo Benito Juárez no será presidente de México... sino de Estados Unidos

Desde las Entrañas del Monstruo
Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - El próximo presidente indígena, el nuevo Benito Juárez, muy posiblemente ya nació.

Él será el líder que inspirará a toda una nación y al mundo, al levantarse desde orígenes humildes, hasta ocupar el cargo más importante de su país. Dirigirá a la nación hacia un futuro distinto, y cambiará muchas de las estructuras del poder.

Pero este Benito Juárez del siglo 21 (¿ó 22?) no nació en Oaxaca. No será un pastorcito, ni hablará zapoteco. Es más, seguramente ni siquiera será mexicano.

No. El Juárez del Tercer Milenio seguramente nació, pero en Texas, California o Arizona. No es pastorcito, ni habla zapoteco. En cambio, va a una escuela bilingüe de gobierno, donde aprende la vida de George Washington y Abraham Lincoln. En inglés.

Porque el próximo Benito Juárez seguramente no será presidente de México... sino de Estados Unidos. Y a pesar de haber nacido indio, pobre y marginado, llegará a ser el hombre más poderoso del planeta.

Ese niño a la mejor no se llama ni Benito ni Juárez. Pero seguramente sí se llama José, o Juan, o Arturo. O incluso John o Michael. Y se apellidará Rodriguez, Vasquez o Gonzales (así, sin acentos y con s). No será ciudadano mexicano, sino americano.

Con las politicas de accion afirmativa, ese futuro Benito Juarez quiza tiene mas oportunidades en Estados Unidos que en México. Quizá vive en un barrio pobre de la frontera. Pero seguramente será buen estudiante. No será pastor, pero ganará una beca para estudiar en la universidad. Y se graduará de abogado, médico o ingeniero. Y quizá se lance de político... y ganará.

¿Porqué gringo y no mexicano, se preguntarán? ¿No es acaso México el país donde se enaltece la figura del indígena? ¿El único país que le dio una lección de civismo al mundo al elegir presidente a uno de sus ciudadanos más pobres, miembro de una raza atacada, y despreciada? ¿El país que eligió a Benito Juárez, el de "El respeto al derecho ajeno es la paz"?

No lo creemos. Y no porque seamos negativos ni pesimistas, sino realistas. Basta ver los hechos: Simplemente, hoy en día, un méxico-americano de raza indígena tiene más posibilidades de progresar, de subir en la escalera social, que un indígena mexicano.

Y no se trata necesariamente que viva en un país rico, sino que tiene hasta cierto punto más derechos que un indígena mexicano para progresar. Y sobre todo, disfruta de más medios y mecanismos para hacer valer esos derechos.

Y esa es la desafortunada realidad.

Claro, en Estados Unidos hay racismo. Sigue habiendo, contra negros, contra hispanos, mexicanos, contra asiáticos y contra indígenas. Pero por mucho que nos quieran hacer creer, no está al nivel de los siglos 18 y 19, en épocas de esclavismo.

Vamos, un indígena norteamericano no sufre tanta marginación como los indígenas latinoamericanos. Los indios latinoamericanos que logran llegar a cargos públicos altos (como el presidente peruano Alejandro Toledo y el mismo Juárez) son la excepción, no la regla. Desafortunadamente.

Al contrario, en Latinoamérica hay un desprecio vedado (pero efectivo) contra los indígenas. A pesar de que se ha avanzado algo desde épocas de la colonia.

Mientras que en Estados Unidos los políticos de las minorías siguen ganando terreno, en México por ejemplo la cosa es al revés: Los políticos se están haciendo cada vez más y más blancos.

De hecho, entre más blanco sea uno, mejor. Obtiene los mejores trabajos, es más fotogénico. No importa si uno no sabe hacer nada, con sólo reír y mostrar su cara aria es suficiente credencial. Seguramente si se es blanquito ya tiene asegurado un promisorio futuro como modelo, actor o cantante.

Si no, de perdido en la calle la gente lo aprecia más a uno si es güero ojoazul, que prieto pelos paraos. Por lo menos tiene la simpatía asegurada de entrada.

Eso pasa sobre todo entre los políticos y la clase pudiente. Entre más éxito tiene un mexicano encumbrado, más se busca "mejorar la raza", por eso no es raro ver políticos y empresarios ricos de la mano de una güerota. Si es extranjera, mejor.

¿Resultado? Los hijos de esos políticos y empresarios seguramente serán más blancos que su mestizo padre. Y seguramente también estarán emcumbrados (o al menos tendrán más facilidad de subir, ayudados por el poder de su familia... y por ser güeritos).

Así podemos ver que cada generación la oligarquía mexicana parece cada vez más gringa, más rubia, más aria. Igual entre los rostros que vemos en la tele y en el cine: La inmensa mayoría son blancos, rubios, de ojos claros.

No tiene nada de malo ser rubio y de ojo azul. Pero cuando se es rubio, de ojo azul, y de pilón rico y de una clase gobernante, se corre el riesgo de caer en sospechas de racismo. Especialmente cuando se gobierna sobre un país donde el 90 por ciento de sus habitantes somos mestizos o indios.

Los medios no ayudan, desafortundamente. Al contrario: Cada vez la tele y el cine mexicano muestran más héroes blancos, casi sajones. Muy distintos a nuestra gente. Y son esos héroes los que nos obligan a adorar, a seguir, a vitorear.

Como para recordarnos precisamente lo que no somos.

Y en Estados Unidos hay una tendencia exactamente a lo opuesto: Uno puede ver cada más negros, prietos, indios y pelos parados en los programas de TV, en las películas y hasta en las noticias. El tipo que da el estado del tiempo en una estación de TV de Dallas es negro. La conductora mas prestigiada es hija de mexicanos, y tiene rasgos evidentemente indígenas.

(Sonrío al imaginarme qué hubiera sido de estos periodistas capaces de haber nacido en México. Seguramente nadie los hubiera promovido como estrellas... por ser prietos. Cuando mucho serían los ayudantes, los segundones.)

De hecho, está de moda entre las propias estaciones, periódicos y medios americanos promover la "diversidad" étnica entre sus filas. Y todos tratan de seguirla, porque si no, corren riesgo de ser tachados de elitistas y hasta racistas. (Además de que es buen negocio, sobre todo cuando hay cada vez más televidentes negros e hispanos).

Vaya, incluso hay periodistas anglosajones quienes optan por cambiarse sus apellidos, adoptando el Ramírez o Pérez, en un esfuerzo por ser más étnicamente "variados". A veces el esfuerzo por la diversidad étnica alcanza niveles ridículos, como el caso de una conductora de TV que adoptó el apellido hispano de la abuelita de un ex marido (gringo él) para que le abrieran las puertas de la estación.

En México, recuerdo que la gerente de un canal de TV donde trabajé se negaba rotundamente a poner a cuadro a uno de sus mejores elementos. El muchacho era una enciclopedia en su rama, los deportes. Sabía de todo: futbol, béisbol, futbol americano, basquet... Y el noticiero necesitaba urgentemente alguien que manejara esa área.

Pero el reportero que les digo tenía un "pequeño gran" defecto: Era moreno. Qué moreno, era prietísimo. Casi tirando a negro. Y eso, para la gerencia del canal (casi todos egresados de una escuela "popis" ) esto era un crimen capital. Por eso solamente lo dejaban hacer trabajitos tras bambalinas, mientras no pusiera su prieta cara ante una cámara, que al parecer estaba diseñada para enfocar bien solo a los güeros.

Si este reportero hubiera trabajado en una estación gringa de TV no hubiera tenido problemas, al contrario: La gerencia lo hubiera promovido como un símbolo de diversidad. Incluso hubiera tenido muchas fans entre las televidentes güerotas.

Parece mentira, pero todos estos problemas les siguen ocurriendo a personas de rasgos indígenas al sur de la frontera. Mientras tanto, sus "hermanos de sangre" al norte del Río Bravo no tienen empacho en exigir sus derechos, en lograr oportunidades, educación y hasta trabajos igual de buenos o mejores que los gringos "puros". Y ay de aquél que ose discriminarlos abiertamente por ser prietos, porque le va como en feria.

¿Cuál es el problema con el racismo entre nosotros los mexicanos? ¿Es culpa de los gobernantes? ¿De los empresarios? Tristemente, no. Lo peor es que nosotros mismos somos los que promovemos el racismo contra nuestra propia gente.

La otra vez leí cómo un turista mexicano de Monterrey se indignaba cuando lo entrevistó un reportero gringo al preguntarle sobre qué pensaba de sus "compatriotas inmigrantes".

-Los norteamericanos tienen una idea errónea de los mexicanos- dijo el tipo-. Creen que todos somos indios, como los inmigrantes. Y no, nosotros somos mexicanos blancos, urbanos, que venimos a dejar dólares. Venimos en camionetas, en suburbans, en avión, no en burro.

Y esa es la imagen que nos gusta que el mundo tenga de nuestro país: Una nación "moderna"... o séase blanca, rubia, parecida a Estados Unidos. Tenemos aversion a que nuestros gobernantes (o artistas, o cualquiera que dé la cara por la patria) sea feo, prieto e indio. Porque, aunque es la imagen que todo el mundo tiene de nosotros, no es la que nosotros queremos ver. Aunque sea con la que nos encontramos todos los días ante el espejo.

Por eso un Benito Juárez mexicano tendrá, quizá, menos oportunidad de llegar a presidente que un Benito Juárez chicano. O por lo menos batallará bastante más.

A este paso que vamos, nos preguntamos cómo será el futuro. ¿Cómo será, por ejemplo, la cumbre de presidentes de Estados Unidos y México en el futuro? ¿Digamos en el año 2052?

Quién sabe. Pero nos imaginamos que, al aterrizar el avión Air Force One en el aeropuerto de la Ciudad de México, todo mundo verá salir de él a un indígena pelos parados, con bigote de cantinflas, prieto, gordito y bajito, quien nació en un barrio pobre de Los Ángeles o San Antonio. El hombre más poderoso del mundo: El presidente de los Estados Unidos de América.

Y al bajar las escalinatas, saludará efusivamente a su anfitrión: Un hombre alto, rubio, de ojos azules y "buena familia". Miembro de la élite que gobierna un país cuyas tradiciones y raza casi nada tienen qué ver con él: El presidente de México.

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06/25/04

1 comentario:

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