viernes, junio 25, 2004

El próximo Benito Juárez no será presidente de México... sino de Estados Unidos

Desde las Entrañas del Monstruo
Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - El próximo presidente indígena, el nuevo Benito Juárez, muy posiblemente ya nació.

Él será el líder que inspirará a toda una nación y al mundo, al levantarse desde orígenes humildes, hasta ocupar el cargo más importante de su país. Dirigirá a la nación hacia un futuro distinto, y cambiará muchas de las estructuras del poder.

Pero este Benito Juárez del siglo 21 (¿ó 22?) no nació en Oaxaca. No será un pastorcito, ni hablará zapoteco. Es más, seguramente ni siquiera será mexicano.

No. El Juárez del Tercer Milenio seguramente nació, pero en Texas, California o Arizona. No es pastorcito, ni habla zapoteco. En cambio, va a una escuela bilingüe de gobierno, donde aprende la vida de George Washington y Abraham Lincoln. En inglés.

Porque el próximo Benito Juárez seguramente no será presidente de México... sino de Estados Unidos. Y a pesar de haber nacido indio, pobre y marginado, llegará a ser el hombre más poderoso del planeta.

Ese niño a la mejor no se llama ni Benito ni Juárez. Pero seguramente sí se llama José, o Juan, o Arturo. O incluso John o Michael. Y se apellidará Rodriguez, Vasquez o Gonzales (así, sin acentos y con s). No será ciudadano mexicano, sino americano.

Con las politicas de accion afirmativa, ese futuro Benito Juarez quiza tiene mas oportunidades en Estados Unidos que en México. Quizá vive en un barrio pobre de la frontera. Pero seguramente será buen estudiante. No será pastor, pero ganará una beca para estudiar en la universidad. Y se graduará de abogado, médico o ingeniero. Y quizá se lance de político... y ganará.

¿Porqué gringo y no mexicano, se preguntarán? ¿No es acaso México el país donde se enaltece la figura del indígena? ¿El único país que le dio una lección de civismo al mundo al elegir presidente a uno de sus ciudadanos más pobres, miembro de una raza atacada, y despreciada? ¿El país que eligió a Benito Juárez, el de "El respeto al derecho ajeno es la paz"?

No lo creemos. Y no porque seamos negativos ni pesimistas, sino realistas. Basta ver los hechos: Simplemente, hoy en día, un méxico-americano de raza indígena tiene más posibilidades de progresar, de subir en la escalera social, que un indígena mexicano.

Y no se trata necesariamente que viva en un país rico, sino que tiene hasta cierto punto más derechos que un indígena mexicano para progresar. Y sobre todo, disfruta de más medios y mecanismos para hacer valer esos derechos.

Y esa es la desafortunada realidad.

Claro, en Estados Unidos hay racismo. Sigue habiendo, contra negros, contra hispanos, mexicanos, contra asiáticos y contra indígenas. Pero por mucho que nos quieran hacer creer, no está al nivel de los siglos 18 y 19, en épocas de esclavismo.

Vamos, un indígena norteamericano no sufre tanta marginación como los indígenas latinoamericanos. Los indios latinoamericanos que logran llegar a cargos públicos altos (como el presidente peruano Alejandro Toledo y el mismo Juárez) son la excepción, no la regla. Desafortunadamente.

Al contrario, en Latinoamérica hay un desprecio vedado (pero efectivo) contra los indígenas. A pesar de que se ha avanzado algo desde épocas de la colonia.

Mientras que en Estados Unidos los políticos de las minorías siguen ganando terreno, en México por ejemplo la cosa es al revés: Los políticos se están haciendo cada vez más y más blancos.

De hecho, entre más blanco sea uno, mejor. Obtiene los mejores trabajos, es más fotogénico. No importa si uno no sabe hacer nada, con sólo reír y mostrar su cara aria es suficiente credencial. Seguramente si se es blanquito ya tiene asegurado un promisorio futuro como modelo, actor o cantante.

Si no, de perdido en la calle la gente lo aprecia más a uno si es güero ojoazul, que prieto pelos paraos. Por lo menos tiene la simpatía asegurada de entrada.

Eso pasa sobre todo entre los políticos y la clase pudiente. Entre más éxito tiene un mexicano encumbrado, más se busca "mejorar la raza", por eso no es raro ver políticos y empresarios ricos de la mano de una güerota. Si es extranjera, mejor.

¿Resultado? Los hijos de esos políticos y empresarios seguramente serán más blancos que su mestizo padre. Y seguramente también estarán emcumbrados (o al menos tendrán más facilidad de subir, ayudados por el poder de su familia... y por ser güeritos).

Así podemos ver que cada generación la oligarquía mexicana parece cada vez más gringa, más rubia, más aria. Igual entre los rostros que vemos en la tele y en el cine: La inmensa mayoría son blancos, rubios, de ojos claros.

No tiene nada de malo ser rubio y de ojo azul. Pero cuando se es rubio, de ojo azul, y de pilón rico y de una clase gobernante, se corre el riesgo de caer en sospechas de racismo. Especialmente cuando se gobierna sobre un país donde el 90 por ciento de sus habitantes somos mestizos o indios.

Los medios no ayudan, desafortundamente. Al contrario: Cada vez la tele y el cine mexicano muestran más héroes blancos, casi sajones. Muy distintos a nuestra gente. Y son esos héroes los que nos obligan a adorar, a seguir, a vitorear.

Como para recordarnos precisamente lo que no somos.

Y en Estados Unidos hay una tendencia exactamente a lo opuesto: Uno puede ver cada más negros, prietos, indios y pelos parados en los programas de TV, en las películas y hasta en las noticias. El tipo que da el estado del tiempo en una estación de TV de Dallas es negro. La conductora mas prestigiada es hija de mexicanos, y tiene rasgos evidentemente indígenas.

(Sonrío al imaginarme qué hubiera sido de estos periodistas capaces de haber nacido en México. Seguramente nadie los hubiera promovido como estrellas... por ser prietos. Cuando mucho serían los ayudantes, los segundones.)

De hecho, está de moda entre las propias estaciones, periódicos y medios americanos promover la "diversidad" étnica entre sus filas. Y todos tratan de seguirla, porque si no, corren riesgo de ser tachados de elitistas y hasta racistas. (Además de que es buen negocio, sobre todo cuando hay cada vez más televidentes negros e hispanos).

Vaya, incluso hay periodistas anglosajones quienes optan por cambiarse sus apellidos, adoptando el Ramírez o Pérez, en un esfuerzo por ser más étnicamente "variados". A veces el esfuerzo por la diversidad étnica alcanza niveles ridículos, como el caso de una conductora de TV que adoptó el apellido hispano de la abuelita de un ex marido (gringo él) para que le abrieran las puertas de la estación.

En México, recuerdo que la gerente de un canal de TV donde trabajé se negaba rotundamente a poner a cuadro a uno de sus mejores elementos. El muchacho era una enciclopedia en su rama, los deportes. Sabía de todo: futbol, béisbol, futbol americano, basquet... Y el noticiero necesitaba urgentemente alguien que manejara esa área.

Pero el reportero que les digo tenía un "pequeño gran" defecto: Era moreno. Qué moreno, era prietísimo. Casi tirando a negro. Y eso, para la gerencia del canal (casi todos egresados de una escuela "popis" ) esto era un crimen capital. Por eso solamente lo dejaban hacer trabajitos tras bambalinas, mientras no pusiera su prieta cara ante una cámara, que al parecer estaba diseñada para enfocar bien solo a los güeros.

Si este reportero hubiera trabajado en una estación gringa de TV no hubiera tenido problemas, al contrario: La gerencia lo hubiera promovido como un símbolo de diversidad. Incluso hubiera tenido muchas fans entre las televidentes güerotas.

Parece mentira, pero todos estos problemas les siguen ocurriendo a personas de rasgos indígenas al sur de la frontera. Mientras tanto, sus "hermanos de sangre" al norte del Río Bravo no tienen empacho en exigir sus derechos, en lograr oportunidades, educación y hasta trabajos igual de buenos o mejores que los gringos "puros". Y ay de aquél que ose discriminarlos abiertamente por ser prietos, porque le va como en feria.

¿Cuál es el problema con el racismo entre nosotros los mexicanos? ¿Es culpa de los gobernantes? ¿De los empresarios? Tristemente, no. Lo peor es que nosotros mismos somos los que promovemos el racismo contra nuestra propia gente.

La otra vez leí cómo un turista mexicano de Monterrey se indignaba cuando lo entrevistó un reportero gringo al preguntarle sobre qué pensaba de sus "compatriotas inmigrantes".

-Los norteamericanos tienen una idea errónea de los mexicanos- dijo el tipo-. Creen que todos somos indios, como los inmigrantes. Y no, nosotros somos mexicanos blancos, urbanos, que venimos a dejar dólares. Venimos en camionetas, en suburbans, en avión, no en burro.

Y esa es la imagen que nos gusta que el mundo tenga de nuestro país: Una nación "moderna"... o séase blanca, rubia, parecida a Estados Unidos. Tenemos aversion a que nuestros gobernantes (o artistas, o cualquiera que dé la cara por la patria) sea feo, prieto e indio. Porque, aunque es la imagen que todo el mundo tiene de nosotros, no es la que nosotros queremos ver. Aunque sea con la que nos encontramos todos los días ante el espejo.

Por eso un Benito Juárez mexicano tendrá, quizá, menos oportunidad de llegar a presidente que un Benito Juárez chicano. O por lo menos batallará bastante más.

A este paso que vamos, nos preguntamos cómo será el futuro. ¿Cómo será, por ejemplo, la cumbre de presidentes de Estados Unidos y México en el futuro? ¿Digamos en el año 2052?

Quién sabe. Pero nos imaginamos que, al aterrizar el avión Air Force One en el aeropuerto de la Ciudad de México, todo mundo verá salir de él a un indígena pelos parados, con bigote de cantinflas, prieto, gordito y bajito, quien nació en un barrio pobre de Los Ángeles o San Antonio. El hombre más poderoso del mundo: El presidente de los Estados Unidos de América.

Y al bajar las escalinatas, saludará efusivamente a su anfitrión: Un hombre alto, rubio, de ojos azules y "buena familia". Miembro de la élite que gobierna un país cuyas tradiciones y raza casi nada tienen qué ver con él: El presidente de México.

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06/25/04

¿Qué tienen los gringos que los mexicanos no?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO
Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - Hay un chiste que dice que una vez estaban dos campesinos mexicanos platicando acerca de "esos p'nches gringos".

-¿Cómo la ve, compadre?- decía uno de ellos-. Los gringos nos robaron la mitad de México, los muy jijos de su...

-Sí, compadre, pero eso no jue lo pior- le respondió su amigo.- Sino que los canijos se robaron la mejor mitad.

-¿Cómo que la mejor mitad?

-Pos claro. ¡Se llevaron la mitad que tiene las chambas, las ciudades más limpias, las carreteras güenas, los 'mols' y las gringas!

Los campesinos del chistecito aparecen bastante inocentes, pero de alguna manera refleja la actitud que muchos mexicanos tenemos respecto a la afrenta histórica que los Estados Unidos nos causaron. A veces ignorante, a veces inocente, pero casi siempre desinformada y llena de dogmas y tabúes que nos inculcan desde niños.

La pérdida de la mitad de nuestro territorio a manos de la superpotencia es, quizá, el peor trauma que tenemos los mexicanos como país. O el segundo peor (siendo el primero el racismo encubierto por el sistema de castas que sigue imperando entre güeros y prietos).

Los traumas nacionales no son exclusivos de México. Cada país tiene los suyos propios (los gringos, por ejemplo, tienen la Guerra Civil, un episodio del que quizá nunca se recuperen del todo). Y como buenos traumas, volvemos a ellos como obsesión, los resucitamos, nos los estamos recordando todo el tiempo, como una flagelación.

Pero por otro lado, nos negamos rotundamente a verlos desde una perspectiva diferente, que quizá nos duela. Y preferimos la versión que nos exculpe de cualquier responsabilidad al respecto.

¿No sería también culpa nuestra en parte?

En Estados Unidos el tema no tiene vuelta de hoja: Los territorios fueron cedidos por México en un acuerdo post-guerra y punto. Sí, hubo una guerra, injusta quizá, pero para el gringo promedio es un hecho consumado. Es el típico punto de vista del vencedor.

En México, en cambio, a 150 años de distancia, el hecho continúa siendo debate nacional. Y en ese debate los gringos siempre salen como los culpables, los imperialistas, los agresores, los robatierras, los enemigos, los abusivos y los malos de la película. (Aliados por el traidor de Santa Ana). Nosotros, los mexicanos, somos las víctimas indefensas, claro.

No fue un hecho justo, por supuesto. Incluso muchos norteamericanos de la época se avergonzaron de la guerra que Estados Unidos declaró a México, ansioso por robarse sus tierra. Entre ellos, el poeta Henry David Thoreau, el famoso militar y presidente Ulysses S. Grant y hasta el mismísimo Abraham Lincoln (quien aún no llegaba a ser presidente).

Pero es un hecho histórico, y hasta cierto punto "normal". ¿Qué hubiera hecho México si hubiera sido un país poderoso, y Estados Unidos un país débil, enfrascado en luchas internas, y con mucho territorio despoblado? Seguramente lo mismo. Seguramente Santa Ana les hubiera quitado la mitad de su país, y ahora lo recordaríamos como héroe nacional, a la altura de Hidalgo, Morelos o Allende. Si no es que más.

Pero la cosa no ocurrió así, al contrario. Fue exactamente al revés. Y de eso nunca nos hemos podido recuperar.

(Algunos hasta dicen que el fracaso de la película de 'El Alamo' de Walt Disney fue por culpa precisamente de ese debate. Los cineastas no quisieron tomar partido por ningún bando, sino presentar los hechos. El resultado: un filme que fue criticado por ambos bandos. Y el público ni lo fumó).

Yo creo que el tema de la pérdida de medio México es un tema que debe ser replanteado. Lo hecho hecho está, pero no se debe olvidar, al contrario. Hoy más que nunca se debe cuestionar, tanto desde Estados Unidos como desde México, sobre todo por la enorme población mexicana que está dejando su huella precisamente en esos estados que antes fueron de México.

Lo malo es que en México el asunto está lleno de tabúes, de dogmas, de tradiciones patrias, que es casi imposible hacer preguntas incómodas desde todos los ángulos. Si uno se atreve siquiera a cuestionar el hecho se le viene una avalancha de críticas, ataques de malinchismo, de antipatriota y vendido.

Y creo que eso está mal. Debemos enfrentar los hechos históricos como cualquier otra ciencia. Los biólogos, los matemáticos, los físicos no tienen empacho en cuestionarse un experimento desde todos los ángulos, aunque no les guste el resultado, o aunque les desbarate sus teorías. Quizá los historiadores podrían usar esa técnica, sin dogmas, ni parcialidades. Ni aunque sean a favor del perdedor.

A un servidor siempre le ha gustado ver ese tema como un experimento histórico, similar al que haría, por ejemplo, un biólogo, o un químico. ¿Cuál es el procedimiento que siguen estos científicos? Por ejemplo, toman dos muestras de algo

(un tejido, un compuesto químico) y los separan. A uno le aplican un cambio, le inyectan algo, y al otro lo dejan igual. Al final del experimento se comparan las dos muestras, para ver qué efecto causó la variable, le llaman ellos.

Igualito pasó con el territorio mexicano. Es como si un científico con poderes de Dios hubiera dicho: "Okey, aquí tenemos un país inmenso. Vamos a dividirlo en dos partes.

Esta parte la manejarán los gringos, y esta otra los mexicanos. Bueno, ahora veamos qué puede hacer cada uno de ustedes, gringos y mexicanos, con la parte que les corresponde. Tienen 150 años para hacer lo que puedan con estos terrenos. En sus marcas... Listos... ¡Fuera!".

El experimento no fue justo, por supuesto... para los gringos. ¿Porqué? Porque ellos se quedaron con la peor mitad de México (pese a lo que digan los campesinos del chiste): Texas, Arizona, Nuevo México, Nevada y California son lugares casi desérticos, con climas extremosos (excepto en las costas). Casi no había población, el terreno era muy agreste. No era tan bueno para la agricultura como los terrenos más al sur.

No tenía carreteras, no había minería (en California estalló la

fiebre del oro, pero fue poco después). La explotación del petróleo estaba en pañales. De hecho, los propios mexicanos le habíamos prestado poca o nula atención a esos inmensos terrenos, pues nadie se quería ir allá, por lo alejado, lo agreste e incomunicado del mundo que estaban.

En cambio, México se quedó con la parte más fértil, la que tenía las minas de plata, la que tenía campos para agricultura, la que tenía litorales para la pesca y todo lo demás. O sea, desde el principio el experimento estuvo desequilibrado en favor de nosotros los mexicanos.

¿Qué pasó? Bueno, 150 años después podemos ver el resultado. La "peor" parte con que los gringos se quedaron (esos territorios que a nadie le importaban) son ahora las tierras más desarrolladas del planeta. Tan solo California y Texas son los motores de la economía americana, y se calcula que si fueran países independientes serían la cuarta o quinta economía más poderosa del mundo.

¿Y la otra mitad? ¿Qué hicimos los mexicanos con la parte que "nos tocó"? Usted dígame, porque si yo lo digo me van a crucificar por "malinchista".

Pero éstas son las preguntas que tenemos que hacernos si queremos aprovechar estos traumas históricos en nuestro beneficio, en vez de usarlos como consignas cada vez que quememos banderas americanos. Pero en vez de usarlos para hacernos las víctimas, debemos tenerlos como acicate para progresar.

¿Porqué los gringos sí pudieron, con un territorio (relativamente) amolado y nosotros seguimos en las mismas? Según expertos, se calcula que hoy en día, el México de 2004, está al nivel que tenían los Estados Unidos en... ¡1910! O sea, tenemos un siglo de atraso respecto a ellos, en casi todos los ámbitos.

Un siglo. Tres generaciones deben nacer, crecer y morir (abuelos, padres e hijos) hasta que México (y Latinoamérica en general) alcancemos el nivel de los gringos de 2004.

¿De quién es la culpa? ¿De los gringos, porque nos quitaron lo que de todas maneras quizá ibamos a perder? ¿De Santa Ana, por "vendido"?

¿O de nosotros por no tener un proyecto común de país? ¿Por estar peleándonos por ver quién se quedaba con el poder, mientras otros nos ganaron con el mandado?

(No sé porqué este episodio me recuerda a cierto presidente panista y cierto alcalde perredista).

¿Porqué los gringos sí han podido construír un país rico, próspero, poderoso? De hecho, el país más rico y poderoso en la historia de la humanidad. (Lo siento, ni romanos ni españoles ni ingleses vivían tan bien como el gringo promedio, por mucho que me quieran rebatir los "expertos"). Un imperio, si quieren, pero lo levantaron en menos de doscientos años.

(De acuerdo, con ayuda de los esclavos negros. Pero acuérdese que nosotros tenemos a los indios. Y hoy en día, a los negros los tratan mejor de lo que nosotros tratamos a los indios.)

¿Porqué nosotros no hemos podido? ¿Qué nos falta? Prácticamente somos iguales a un gringo, somos seres humanos. Tenemos un cerebro, dos ojos, dos brazos, dos piernas. Podemos hablar, caminar, pensar.

¿Es cosa de cultura? ¿O de genes? ¿Hay razas predestinadas a la grandeza, entonces, y nosotros no somos una de ellas? ¿Somos una raza de esclavos, como dijo algún gringo alguna vez, y debemos contentarnos siempre con serlo?

Dirán algunos que, bueno, es que México, pobrecito, estaba en guerra entonces. La Guerra de Reforma. Luego vinieron más guerras, la invasión gringa, luego los franceses, luego la revolución. Nunca tuvimos tiempo para progresar por culpa de tanta guerra.

Okey, covenido. Estábamos en guerra. Una guerra es fatal para cualquier país, gane o pierda. Y varias guerras seguiditas son devastadoras. Pero por ejemplo, Europa ha estado en guerra consigo misma desde siempre. Prácticamente desde que el primer Neanderthal agarró a pedradas a su vecino por un pedazo de mamut. Y desde entonces nunca pararon: los romanos estuvieron en guerra contra los cartagineses, y luego contra los galos y los bárbaros. Los anglos contra los normandos. Y después los españoles contra los moros, los franceses contra los ingleses, los alemanes contra los rusos y los italianos contra los franceses.

Hasta hace muy poco, Europa seguía en guerra: Los serbios contra los croatas, y los chechenos siguen en una guerra no declarada contra los rusos.

¿Y? ¿Cómo está Europa? No quiero responder, pero solo mencionaré que no tiene el nivel que tenía Estados Unidos en 1910. Eso segurito.

Por ejemplo, España fue un país muy pobre, mucho más atrasado y débil que México durante la mayor parte del siglo 20. La gente o se moría de un balazo en la Guerra Civil, o simplemente de hambre. Los irlandeses igual. Por eso emigraban. Hasta hace apenas 30 años España era más pobre que México. ¿Y ahora? España progresó, se modernizó, se hizo rica. Es del Primer Mundo. Y México (y Latinoamérica) siguió igual, sino es que peor.

¿Y si mencionamos guerra, quién no se acuerda de Japón? ¿De Corea? Países que quedaron totalmente destruídos hace apenas 50 años. ¿Y dónde están ahora? ¿Y porqué?

¿Porqué entonces nosotros no hemos podido desarrollarnos como esos países? ¿Progresar es algo tan complicado que no está a nuestro alcance? ¿Y si es tan complicado, cómo sí lo lograron paísitos más amolados, como los mencionados España o Irlanda, o Portugal, que no son ni nunca serán superpotencias?

¿Es cosa de cultura? ¿Nuestra cultura es defectuosa? ¿Tenemos taras de nacimiento? ¿Somos tan tarados que no podemos echar a andar el país, convertirlo en una nación rica? ¿O siempre tendremos que emigrar para levantarle la cola a gobiernos incapaces de fomentar la creación de empleos?

Estados Unidos no es perfecto. Tiene muchos defectos. El egoismo, el individualismo, el materialismo, la falta de apego a la familia, a las tradiciones. Algunos dicen que estos son precisamente los motores de su éxito. México tiene muchas virtudes que incluso los gringos aprecian: Mejor calidad de vida, más pausada, mejores relaciones interpersonales... Pero estamos amolados. Y mientras eso siga, no hay virtud que valga. Opaca todo lo demás

¿Porqué, por ejemplo, gano yo en Texas ocho, diez veces más por hacer lo mismo que la mayoría de mis colegas hacen quizá hasta mejor en México? No es porque sea más "picudo". En México hay gente que es mucho más capaz, más estudiada, más profesional, y quienes desafortunadamente nunca va a ganar el salario de cualquier periodista mediocre en Estados Unidos. Igual pasa con cualquier otro trabajador, de cualquier otra industria. ¿Porqué en Estados Unidos si pagan bien y en México no?

No es por el tan cacareado "nivel de vida". No es porque México tenga salarios "acordes con sus precios": Cada vez que viajo para allá me horrorizo al ver que los precios de los productos básicos están igual (o hasta más caros) que en Estados Unidos... con la diferencia de que la gente en México gana 8 veces menos. Comida, ropa, aparatos de la casa, shampoo, jabón... todo es más caro en México que en Estados Unidos. ¿Quién me lo explica?

¿Es cosa de corrupción? ¿Somos todos corruptos? ¿Usted que lee esto, es corrupto? ¿Usted está amolando al país? ¿O solamente son "unos cuantos" los que tienen a México y Latinoamérica en el hoyo, por su culpa?

¿Son los gobernantes los corruptos? ¿Los que se llenan los bolsillos de lana y dejan que los demás se frieguen? ¿Una minoría?

¿Y si es una minoría, no hay algo que la mayoría podamos hacer para meterlos en cintura a ellos? ¿Qué puede hacer usted, por ejemplo, o yo? ¿Cómo podemos correrlos del puesto, o meterlos en la cárcel?

¿Son los policías, por transas? ¿Qué podemos hacer? ¿Aumentarles el sueldo para que no roben? ¿Capacitarlos? ¿Y porqué no se ha hecho, tan difícil es? ¿Cuesta mucho dinero? ¿No podemos colaborar todos, digamos, con diez, veinte pesos cada mexicano, incluyendo los de aca? ¿No estaríamos de acuerdo en aportar todos hasta 100 pesos por esa causa?

¿Cuánto se puede juntar, si cada mexicano aporta 100 pesos al mes? ¿Serviría? ¿No se lo ratearían los funcionarios? ¿Y si lo hacen, no convendría vigilarlos? ¿Quién puede hacerlo? ¿No podemos los ciudadanos elegir entre nosotros a vigilantes de funcionarios, ya que los funcionarios comprobaron ser incapaces de la honestidad?

¿Y si sabemos que no son honestos, porqué los seguimos teniendo en el puesto, sabiendo que nos están perjudicando a todos?

Para aquellos que me echen en cara el que no tengo derecho de preguntar, porque yo "me fui del país", o "huí de los problemas a Estados Unidos", entonces pregunto: ¿Qué podemos hacer, entonces, los mexicanos que estamos aca para ayudar a los que se quedaron allá? ¿Enviar dinero? Ya enviamos en remesas más de lo que empresas de Estados Unidos invierten, más de lo que México gana por turismo, y casi igual que lo que vende en petróleo.

¿Necesitamos enviar más dinero? No creo que los paisanos se opongan, siempre y cuando nos garanticen que sí va a ayudar a mejorar las cosas. Contra lo que muchos resentidos piensan, los migrantes somos los primeros a quienes nos gustaría ver un México y una Latinoamérica fuerte, rica y estable. Y sufrimos mucho cuando vamos de vacaciones allá y vemos la enorme diferencia que existe con nuestro país adoptivo.

Yo sé que habrá gente que se horrorice al leer tanta pregunta de mi parte. ¿Porqué? Porque se tiene la idea que, si yo escribo en un periódico, soy un sabelotodo. Soy un docto. Soy un editorialista informado, conocedor, experto. O al menos esa es la imagen que muchos columnistas tratan de dar de sí mismos: intelectuales completos, que encierran su sapiencia en palabras domingueras. Entre menos gente las entienda, mejor.

Lamentablemente yo no soy así. Yo creo que antes que articulistas, somos lectores. Somos seres humanos. O al menos yo sí lo soy. Y como humano, no lo sé todo. No soy experto. No soy docto. Y me disculpo ante los lectores por no dar todas las respuestas a los problemas del mundo, en sesudos artículos.

Sólo soy un reportero, y como tal, siempre tengo más preguntas que respuestas. Mi chamba es preguntar. Y ojalá encuentre alguien docto y sabio (a la mejor algún columnista serio y sesudo, o algún sociólogo, antropólogo, economista, historiador o de perdido, chamán, que esté entre mis lectores) que me pueda responder todo esto, sin dogmas ni orgullos nacionalistas, sin echarle la culpa a los gringos, a la pérdida de los territorios, a Santa Ana, a Porfirio Díaz o al calor.

Porque estoy seguro de que no soy el único que quiere saber porqué diablos los mexicanos no hemos podido, en "gloriosos" 30 siglos de historia, construir el país que nuestros vecinos han levantado en pinchurrientos 200 años.

E-mail: cfzap@lycos.com
06/18/04

Los mexicanos: ¿Musulmanes encubiertos?

DESDE LAS ENTRAÑAS DEL MONSTRUO
Por César Fernando Zapata

DALLAS, Texas - Se dice que los mexicanos no podemos ser iguales que los gringos o los europeos. Porque aunque compartimos valores, nunca vamos a ser iguales a ellos.

Vamos, ni siquiera seremos hermanos. Cuando mucho, primos (¿no hay quienes les dicen a los norteamericanos 'los primos del norte'?). A los españoles también los tratamos como primos, pues enfatizamos nuestras diferencias.

En cambio, consideramos "hermanos" a los centroamericanos (aunque los despreciemos como pobretones), a los venezolanos, colombianos, peruanos, argentinos (los hermanos "guapos"), cubanos y hasta brasileños.

¿Porqué? Porque compartimos muchas similitudes. Un pasado relacionado. Muchas características raciales y culturales. Pero sobre todo, el idioma y la religión. (Excepto los brasileños, claro, aunque el portugués es lo más parecido al español que hay).

O sea, somos muy parecidos. O al menos eso nos gusta pensar.

Sin embargo, al conocer a gente de todo Latinoamérica aca en Texas, me he dado cuenta de que en realidad los mexicanos somos bastante diferentes a nuestros "hermanos". Y claro, totalmente opuestos a nuestros "primos".

Uno solo tiene que reunirse en una mesa para comer con algunos sudamericanos para darse cuenta del contraste.

Los venezolanos son hablantinos a más no poder. Tienen un ritmo caribeño que se les sale hasta por el acento.

Los colombianos son excesivamente amables. Se hablan de usted hasta entre niños.

¿Los cubanos? Olvídese. Son otra raza. Con lo gritones, confianzudos y extrovertidos que son, se nos hacen tan raros como los españoles.

Y al revés: A gente de esas nacionalidades se les hacen extraños, chistosos y hasta desesperantes los modos de nosotros los mexicanos: Tan respetuosos, solemnes y cuidadosos de las formas.

Por ejemplo, les exaspera la manera tan "dócil" que tenemos de hablar, con el "mande usted", "está en su casa" y todo lo demás.

Decía Alan Riding, el autor del libro "Vecinos distantes" que aunque los españoles se habían apoderado de los cuerpos de los mexicanos, los indios se habían apoderado de nuestras mentes. Y en muchos sentidos, pareciera que como cultura somos más parecidos a los asiáticos que a los europeos. E incluso que a nuestros propios "hermanos" latinoamericanos.

Me gustaba pensar que los mexicanos tenemos más en común con los japoneses. Según sé, allá también se da mucha importancia a las formas, a la etiqueta. Hay mucho respeto (evidente y vedado) hacia la autoridad. Japón es una sociedad piramidal, cerrada, donde solo los nativos conocen lo intrincado de sus códigos sociales.

Además, Japón me encanta. Quizá no estaba siendo imparcial. En mis sueños calenturientos veía muchas similitudes entre los samurais y los caballeros águila. Entre el "Mikado" (Emperador, hijo del Sol), y el Gran Tlatoani azteca.

Pero alguien me sugirió que estaba equivocado. "No, los mexicanos no se parecen mucho a los japoneses. Cuando mucho, se parecen más a los árabes", me dijeron.

"¿A los árabes? ¿Musulmanes? Para nada. Somos totalmente distintos. Qué te pasa", respondí.

"¿Porqué?"

"Pues porque mira", enumeré, "los países musulmanes son sociedades cerradas, antidemocráticas, piramidales. Hay mucho atraso social con respecto a los países avanzados, muchos dogmas. Un grupillo de personas controlan todo. Las mujeres están supeditadas casi en todo al hombre, y de pilón la religiosidad impregna toda la vida", explique.

"¿Y? ¿No es así en México?", fue la respuesta impávida.

Eso me hizo pensar. Y si uno se quita las ideas preconcebidas, se da cuenta de que sí, los mexicanos (ojo, no los latinoamericanos) tenemos mucho de musulmanes. Aunque no nos guste admitirlo.

Casi todo, de hecho, excepto la religión.

Veamos:

1 - Ambos (musulmanes y mexicanos) somos culturas donde importan mucho las formas, los códigos sociales. Los extranjeros generalmente tienen muchos problemas para entender todo el mecanismo que se mueve debajo de nuestros gestos, palabras, ceremonias. Y nunca aunque un foráneo viva muchos años entre nosotros, nunca los acaba de entender.

Aquél que no siga las formas es considerado impertinente, y le fruncimos el ceño. Por lo menos.

2 - Somos sociedades donde se da más importancia al grupo (familia, clan, sociedad) que al individuo. Contrario totalmente a la mentalidad europea y americana, más egoísta. Esta actitud comunitaria se extiende a las asociaciones y partidos políticos (le decimos "disciplina de partido"). El individuo no cuenta tanto como los principios grupales (o religiosos).

En una palabra, somos dogmáticos.

3 - Somos sociedades que les damos mucha importancia a la tradición, a las costumbres. Si así siempre se hizo, así siempre se hará. Y nadie debe atreverse a cambiarlo, porque atentaría contra nuestra identidad, idiosincracia, y todo lo que nos hace ser "nosotros". (El que lo haga lo acusan de ser antiislámico -o antimexicano-, y de aliarse con ideologías extranjerizantes, que "envenenan nuestra forma de ser").

Como dijimos, somos una sociedad dogmática, que niega serlo.

4 - Somos sociedades donde el papel del hombre es el centro de la decisiones. Pero al mismo tiempo, somos contradictorios, pues por un lado enaltecemos la figura materna casi a niveles divinos, y por el otro maltratamos a nuestras esposas, o simplemente no le damos el lugar que se merece como "un igual".

Como en el Islam, donde repiten una y otra vez que el Corán garantiza los derechos de la mujer (en el papel, aunque en la práctica sea otra cosa), los mexicanos nos enorgullecemos de la igualdad femenina ante la constitución, el voto de la mujer, las profesionistas en aumento... pero sin dejar de ser machistas. ("¡Ya llegué vieja! Dame de comer pero ya!".)

5 - Es cierto, en lo que difieren la sociedad islámica de la mexicana es en la poligamia, el tener varias esposas. Pero ni falta que nos hace: En ningún pueblo o colonia falta un Don Juan Pipirisnáis que tiene una "vieja" en cada barrio (con chiquillos y todo). Y no lo reprobamos, al contrario: Lo celebramos. Por "macho". Y no pocos quisiéramos ser como él.

En el Islam la infidelidad es un pecado capital, mientras que para los mexicanos es un símbolo de "hombría". Hasta allí estriban las diferencias. En la práctica, hay poligamia de facto.

6 - Somos sociedades que tenemos como base ideológica el ultranacionalismo, y como agenda política el desprecio total a lo que huela a norteamericano y liberal (o libertino). Pero al mismo tiempo imitamos la moda, los estilos, el sistema de vida del Gran Satán, sin ver por eso ninguna contradicción.

7 - En México, es cierto, no hay religión de estado. Pero en la práctica la religión impregna todos los aspectos de la sociedad, y ay de aquél que se atreva a despreciar en público los símbolos sagrados. Estos símbolos pueden ser religiosos, pero también políticos, históricos y sociales. Pobre de aquél que se atreva a insinuar alguna palabra contra los personajes que representan estos símbolos, los "héroes patrios". Casi casi los elevamos al nivel de profetas, sin cuestionar sus defectos humanos. (A muchos ya se nos ha olvidado que de hecho lo fueron, de tanto que nos machacan su "heroicidad" en las escuelas). Si uno de atreve a insultarlos, o poner en duda su "santidad", ya se puede esperar una 'intifada' ideológica en su contra. Solo que en vez de sentenciarlo a muerte, se burlarán de él, le cerrarán los medios, lo dejarán sin chamba o de perdido le dejarán de hablar los amigos.

8 - Como muchos extremistas adoran a Osama bin Laden por haber atacado a Estados Unidos en su propio suelo, aún hay muchos mexicanos que adoramos la figura de Pancho Villa, por haber atacado el pueblo de Columbus, Nuevo México. E igual que a bin Laden, a Villa nunca lo atraparon (a pesar de haber mandado 10 mil soldados a buscarlo, a mando del general John Pershing).

De hecho, algunos chicanos extremistas de California le dicen a bin Laden "El Pancho Villa islámico". (???? ¿Honor o burla? ¿Y de quién hacia quién?).

Aclaro, no tenemos nada contra los islámicos. Hay gente decente, respetuosa y amable entre ellos. A los que nos referimos son a los extremistas. Y de esos hay muchos. Incluso entre los mexicanos, sin ser musulmanes.

Pensando así, no hay muchas dudas de que los extremistas islámicos y los mexicanos no son tan distintos. De hecho, los mexicanos somos musulmanes casi en todo, menos en la religión.

Nos parecemos más a ellos que a los gringos, eso sí. Y no habrá pocos que se enorgullezcan de ello.

(Eso sí, no creo que hayan muchos por allí dispuestos a ponerse una bomba en la panza para volarla en un mall de Harlingen. No creo que nuestra militancia llegue a tanto).

Por supuesto, esto no es un estudio sesudo de un sociólogo o antropólogo, experto en culturas comparadas. Cualquier estudioso me puede rebatir mis análisis como poco científicos, superficiales, fofos y hasta amarillistas. Pero vale, como la opinión de cualquier hijo de vecino.

Se basa es observación directa, no en experimentos. Como la opinión de usted, o de cualquiera.

Además, ¿no es el islam la religión con mayor crecimiento en los últimos años en México? Dicen que en Chiapas tienen hasta mezquitas y centros educativos ya, financiados por Arabia Saudita. Dicen que están repletos de familias mayas, cuyos miembros están cambiando sus nombres de José a Mohammad.

(Y pa' acabarla parece que son misioneros ESPAÑOLES los que están promoviendo la religión de Aláh en Chiapas.)

En fin, esa es mi idea. Y contra lo que puedan pensar los lectores, lo más curioso de todo no es que esté errado... sino que no lo esté. "Ma'asalaama".

E-mail: cfzap@lycos.com
6/11/04